Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.

 Según Íñigo Bo­linaga, en los 1920 el régimen de los soviets iba camino de convertirse en un “gigan­tesco monstruo burocráti­co” (2010: 263). Cualquier opinión diferente a la direc­ción del partido comenzó a ser perseguida “con saña”.

El control estatal de todos los medios de pro­ducción causó en Rusia un hambre horrible. Más de 5 millones de rusos pere­cieron, ¡más que duran­te la guerra civil! Lenin se vio obligado a implemen­tar la llamada Nueva Políti­ca Económica (NEP) entre los años 1921 – 1928. Los campesinos serían dueños de lo producido. La agricul­tura se recuperó.

En 1922 se proclamó la Unión de Repúblicas So­cialistas Soviéticas. En es­ta nueva Rusia se hablaban 100 lenguas, y se recono­cían 50 nacionalidades.

El 3 de abril de ese año, Stalin fue elegido se­cretario general del partido con la misión de “depurar” del partido a los elementos de oposición”.

Cada vez más, el ru­so corriente sentía la opre­sión de un partido único, en manos de una cúpula di­rigente que dirigía “para su bien” todos los aspectos de la vida. Entonces el partido contaba con unos 70,000 miembros. Hacia 1930 se­rán 2 millones. Cuando Hit­ler invada la URSS en 1941 rondará los 3 millones (Pal­mer et al., 2007, 744).

Lenin registró su miedo a una dictadura de Stalin en unas cartas póstumas. “A juicio de Lenin, Tostski era el más dotado para gober­nar, pero sus características personales hacían que fue­ra muy difícil trabajar en equipo con él.

Stalin en cambio, era excesivamente brutal. Había acumulado dema­siado poder y estaba de­mostrado no saber ca­nalizarlo ni limitarlo, lo que prefiguraba que si alcanzaba la autoridad suprema se convertiría en un déspota. No se po­día permitir llegar a este extremo. Stalin era de­masiado peligroso”. Sta­lin conoció inmediata­mente su contenido.

La esposa de Lenin le contó las intrigas de Stalin quien, enterado la atacó “en un lenguaje soez cer­cano al desprecio, amena­zó con echarla del partido si volvía a saltarse sus ór­denes” de no comunicar nada a Lenin. Lenin obli­gó a Stalin a disculparse. Lo hizo.

Lenin trabajaba 16 ho­ras diarias. En 1918 una simpatizante de la Asam­blea Constituyente lo hi­rió dos veces. Lo conside­raba traidor.

Desde marzo de 1923 hasta su muerte en ene­ro 21 de 1924 Lenin es­taba totalmente paraliza­do. (Bolinaga, 2010: 263 – 264). Se interesaba por el menchevique Martov. Murió el 21 de enero de 1924.

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